MARIA AUXILIADORA (1814 p.c.)— 24 de mayo.
En la fecha de hoy, la Iglesia conmemora, una vez más, a la Santísima Virgen, bajo su advocación de María, Auxilio de los Cristianos. La devoción por esta festividad, instituida a principios del siglo pasado por el Papa Pío VII, fue en constante aumento y alcanzó su mayor incremento, que subsiste hasta nuestros días, cuando Don Bosco congregó a una numerosa y entusiasta juventud femenina, en los colegios, los liceos y la orden religiosa de María Auxiliadora.
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“Nos somos el padre de la cristiandad y a nadie trataremos como enemigo”.
En aquel lapso, la buena fortuna dio la espalda a Napoleón y, tras una serie de reveses militares, se produjo la caída del Imperio a principios de 1814. Precisamente en el castillo de Fontainebleau, donde se hallaba prisionero el Papa, firmó el emperador su abdicación. Al jefe de la Iglesia le fueron devueltos los Estados Pontificios, se firmó un acuerdo en el que se proclamaba que, “el poder espiritual recobraría todos sus derechos y la posición de donde lo había lanzado la conquista francesa” y, el 24 de mayo de 1814, Pío VII hizo una entrada triunfal en Roma, entre el doblar de las campanas, las delirantes aclamaciones de la multitud y lluvias de flores, para ocupar su Sede.
Los años de infortunio y de prisión habían fortalecido en vez de agotar a aquel hombre de avanzada edad que dio muestras de una energía, firmeza y decisión extraordinarias, para reorganizar su Iglesia y despertar la vida religiosa que tantas sacudidas había experimentado. Hacía falta mucho tiempo, una gran prudencia y una pacientísima dedicación para hacer entrar de nuevo el catolicismo en los corazones y en el orden social; sin embargo, el anciano Pío VII realizó aquella tarea colosal en un tiempo relativamente corto. Una vez reinstalado en la Cátedra de San Pedro, restauró a la Compañía de Jesús y reabrió sus colegios en la Ciudad Eterna; mediante concordatos y convenios con los reyes y los príncipes, restableció los obispados que habían quedado suprimidos, reorganizó la propaganda, dio impulso a la Propagación de la Fe y, como por un milagro, hacia mediados de 1815, después de la segunda y definitiva abdicación de Napoleón, cuando el Papa dio asilo a la familia del emperador derrotado y exilado, la Iglesia había recuperado su posición y su poder espiritual. Así lo consideró el Pontífice: como un milagro de la Santísima Virgen a la que tanto había pedido por la Iglesia. Fue entonces cuando Pío VII tuvo la feliz idea de manifestar el agradecimiento de todo el orbe católico a la Virgen María, bajo su advocación de Auxilio de los Cristianos y, como un expreso reconocimiento de la infalible protección de la Madre de Dios, tantas veces atestiguada con prodigios extraordinarios, sobre la Iglesia y los hijos de la Iglesia en defensa de la fe contra moros, turcos, herejes, revolucionarios y todos los enemigos declarados de la cristiandad, instituyó la fiesta de María Auxiliadora en el día 24 de mayo, para perpetuar el recuerdo de su entrada triunfal a Roma, al volver de su cautiverio en Francia. Desde entonces, la fiesta de María Auxiliadora ha concentrado la devoción de la cristiandad, hasta nuestros días.
Los datos para este artículo fueron tomados de la Historia Universal de César Cantú, voi. Vi, pp. 531-538 y de la Historia de la Iglesia, de los Hnos. de la Esc. Cristianas, pp. 321-323.